Sabemos que existe una relación directamente proporcional entre el alcance de las metas de desarrollo sostenible y la reducción de la brecha de desigualdad de género. Sin embargo, y al igual que muchas de las acepciones del desarrollo, parece inherentemente aceptada, correcta y se cuestiona poco la verdadera relación de ambos conceptos.

Es por ello que desde IRRI nos hemos propuesto establecer aquellos criterios causales entre la promoción de los procesos de desarrollo sostenible y la reducción de la desigualdad de género con el fin de poder integrar los indicadores de género relevantes, para el alcance de nuestras metas y resultados.

Por una parte, entendemos que el empoderamiento de las mujeres reside en desarrollar en ellas las herramientas relevantes, adecuadas, necesarias y culturalmente sensibles que les permitan tomar decisiones determinantes para la vida que tienen razones para valorar, a través de temáticas transversales. Esta condición debe de ser, al mismo tiempo, independiente del sexo con el que se nazca. Sin embargo, actualmente existen diferencias en el ejercicio de los derechos, las responsabilidades, oportunidades, la capacidad de toma de decisiones y de acceso a los funcionamientos humanos y poder así desarrollar las capacidades humanas. Es por ello que el promover la equidad de género es una precondición para fomentar el empoderamiento de las mujeres, y mujeres empoderadas pueden reproducir estructuras basadas en la equidad de género.

Por otra parte, la idea de sostenibilidad cobra fuerza en las últimas décadas como la más reciente acepción a las intervenciones planeadas para el desarrollo; un componente que trata de entender las consecuencias de un determinado estilo civilizatorio y de desarrollo sobre del medioambiente.

Se trata entonces de que la equidad de género es precondición del empoderamiento de la mujer y también actúa como precondición y como indicador de los alcances de los procesos de desarrollo sostenible. Muchas de las mediciones actuales del desarrollo son severamente criticadas por su falta en la desagregación de datos que no permite ver la distribución de los beneficios de manera justa. Lo que conlleva a que veamos resultados que realmente sólo benefician a unos cuantos a nivel país, comunidad e inclusive al interior de los hogares. Es por ello que un primer paso es asegurar una medición robusta de los proyectos y programas, a decir: Se necesita de un marco teórico que incluya una perspectiva de género, la reducción de las desigualdades (incluida la de género) y que fomente el empoderamiento de todas y todos. Es a partir de un marco teórico sólido que surgen dimensiones de medición, es decir, aquellas categorías analíticas que nos interesa conocer y que se derivan del marco teórico; más tarde se crean los indicadores que responden con datos suficientes, relevantes, desagregados, válidos y verificables. Es a partir de una medición robusta que considera como parte fundamental la perspectiva de género que crea proyectos y programas que buscan reducir la brecha de género y que al mismo tiempo nos ayudan a entender los beneficios distribuidos por género.

Uno de los mayores retos de la desigualdad de género que IRRI enfrenta es la falta de acceso adecuado al desarrollo de capacidades técnicas, a créditos, microcréditos y servicios financieros y a tecnología para las mujeres. Estas situaciones limitan la capacidad de agencia de las mujeres de poder interactuar con su entorno, por ende, limitando su capacidad de convertirse en agentes de cambio en pro de futuros sostenibles.

Es entonces que el segundo paso para IRRI es una inclusión consciente, equitativa, activa e informada de las mujeres en todos los procesos comunitarios de las intervenciones planeadas; incluyéndolas desde el diseño de proyectos, hasta en el desarrollo de las capacidades técnicas y humanas necesarias para la adopción de las intervenciones. Esto también ha significado que la inclusión de las mujeres no se ha quedado únicamente a nivel nominal, sino que ha significado una praxis inclusiva. Sin embargo, también sabemos que esto no es suficiente sin la creación y/o ajuste de procesos institucionales formales e informales que aseguren no sólo la participación de las mujeres, sino también la relevancia, reconocimiento y valor de sus labores; lo que nos lleva al siguiente punto: la necesidad de acción afirmativa.

La promoción del empoderamiento de las mujeres requiere de la acción por dos vertientes, tanto por medio de la promoción de la capacidad de agencia de las mujeres como por la promoción de una estructura más justa, equitativa e inclusiva. Es en este último punto que la acción afirmativa se vuelve fundamental, ya que como bien lo señala Marta Lamas “…no se puede cambiar la situación simplemente respondiendo con una normatividad jurídica que consagre la igualdad entre hombres y mujeres; se necesitan medidas pro-activas, afirmativas, que detecten y corrijan los persistentes, sutiles y ocultos factores que ponen a las mujeres en desventaja frente a los hombres…” Es en este punto que IRRI incluye la revalorización del trabajo realizado por las mujeres y que en muchas ocasiones han sido vistos como inferiores, tales como la creación de artesanía y el esfuerzo que implica la subsistencia al interior de los hogares en comunidades de alta vulnerabilidad ante los embates del cambio climático.

Asegurar que a nivel de agencia y de estructura las mujeres puedan jugar un rol en la toma de decisiones para su vida promueve cambios sostenibles y a largo plazo.
Una estructura que provea los funcionamientos humanos y que además promueva el ejercicio y desarrollo de las capacidades humanas es una estructura que realmente fomenta el desarrollo sostenible de comunidades, ya que como Amartya Sen señala “el alcance del desarrollo en sí depende de la libre agencia de las personas”. Sin acceso a estás libertades fundamentales, a los funcionamientos básicos y a la oportunidad de desarrollo de capacidades, las mujeres se ubican en desventaja para contribuir al desarrollo sostenible y por ende los esfuerzos de proyectos y programas, sin la inclusión equitativa de las mujeres, están destinados al fracaso al tener impactos limitados.

Es entonces que IRRI considera estos pasos para el alcance de la equidad de género y para el empoderamiento de las mujeres como básicos para el diseño, gestión, implementación y monitoreo y evaluación de sus proyectos y programas.


Referencias:

  • Bayeh, Endalcachew. 2016. “The Role of Empowering Women and Achieving Gender Equality to the Sustainable Development of Ethiopia.” Pacific Science Review B: Humanities and Social Sciences 2(1): 37–42.
  • Lamas, Marta. 2006. Feminismo. Transmisiones Y Retransmisiones. Ciudad de México: Taurus.
  • Nussbaum, Martha. 1999. “Women and Equality: The Capabilities Approach.” International Labour Review 138(3): 227–45.
  • Sen, Amartya. 1999. Development as Freedom. New York: Anchor Books
Mujeres y sostenibilidad
By Published On: 7 septiembre, 20196 min readCategories: Actualidad