El problema que nos convoca

En las comunidades rurales de México, millones de personas viven sin acceso —o con un acceso precario— a bienes y servicios básicos: alimentos suficientes y de calidad, agua segura, saneamiento, vivienda digna y energía. Se trata de carencias que se refuerzan entre sí. La falta de agua reduce la capacidad de producir alimentos e ingresos; la falta de alimentos de calidad e ingresos compromete la salud; y una salud deteriorada reduce la capacidad productiva. El origen no es la falta de recursos naturales ni de capacidades humanas. De hecho, la evidencia muestra lo contrario: las prácticas agroecológicas en pequeñas parcelas pueden incrementar los rendimientos en un 79%. Se trata de agentes productivos que carecen de las condiciones para desplegar su potencial. En algunos casos, la causa está en la pérdida de acceso a recursos antes existentes: territorios transformados por cambios en la economía, procesos migratorios o por eventos meteorológicos. En otros casos, es una violación de los derechos básicos de estas comunidades.

El cambio climático actúa como multiplicador de vulnerabilidades en estos contextos.3 Las lluvias se vuelven impredecibles y las sequías comprometen los cultivos. Los ciclos agrícolas que las familias conocían ya no son confiables. En este escenario, la pequeña producción que muchas veces sostiene la alimentación de las familias se encuentra cada vez más amenazada. El resultado es más inseguridad alimentaria, más dependencia de mercados lejanos e industrializados, y una mayor vulnerabilidad.

Frente a esta realidad, las ecotecnologías y los sistemas de producción agroecológica de bajo costo, adaptados al territorio y sostenibles en el tiempo tienen el potencial de transformar estas condiciones con materiales accesibles, diseños eficientes y replicables, y de saberes que pueden ser apropiados por las comunidades. Cada tecnología puede resolver una carencia concreta y cada sistema agroecológico puede reorganizar la producción de un territorio. En conjunto, tienen el potencial de contribuir a que los hogares y las comunidades rurales sean más autónomas, más saludables, más sostenibles y con mayor capacidad de respuesta frente a la variabilidad climática.

Quiénes Somos

El Instituto Internacional de Recursos Renovables (IRRI) es una organización de la sociedad civil mexicana constituida legalmente en 2005. Surgió del encuentro entre ingenieros, emprendedores sociales e investigadores convencidos de que la tecnología, bien orientada, puede ser un instrumento de justicia. Durante dos décadas, IRRI ha funcionado como plataforma de articulación: ha conectado organizaciones, facilitado financiamientos y acompañado proyectos de ecotecnias en comunidades rurales de múltiples estados del país — desde captación pluvial en la Sierra Tarahumara hasta biodigestores en comunidades mayas de Yucatán. Veinte años de trabajo en distintos formatos —desde el respaldo institucional a iniciativas pequeñas hasta la ejecución directa de proyectos en territorio— le han permitido a IRRI acumular un aprendizaje específico: que la sostenibilidad de las ecotecnologías depende tanto de la adecuación de la tecnología al territorio como de los procesos comunitarios e institucionales que la sostienen.

Esa lectura es la que orienta el trabajo actual, una etapa centrada en consolidar a IRRI como una plataforma de articulación entre técnicos, comunidades, academia y financiadoras alrededor de las ecotecnologías y los sistemas agroecológicos, con el conocimiento acumulado en estos años como capital fundacional y con el acompañamiento comunitario como criterio rector.