Hoy, en el Día Meteorológico Mundial, les compartimos un texto sobre la estrecha relación entre equidad de género y cómo poder fortalecer la resiliencia comunitaria para poder hacer frente a los desastres naturales.
Sabemos que existen poblaciones que son más vulnerables ante el cambio climático y los cambios en los fenómenos meteorológicos, también que dentro de estás poblaciones son las mujeres quienes son más vulnerables. La vulnerabilidad, sin embargo, es el resultado de una construcción social, no se trata de algo dado, natural e inevitable, sino que es el resultado de una estructura violenta que reproduce la desigualdad y la injusticia.
Es por ello que las intervenciones para el desarrollo deben de contener dentro de sus metas la reducción de violencia estructural, la promoción de capacidades locales y de la resiliencia comunitaria y bajo un enfoque de género.
Para ello primero necesitamos establecer varias premisas:
1. La resiliencia comunitaria en cuestión de combate a la vulnerabilidad por cambio climático es “la capacidad de una comunidad para organizarse con el fin de reducir los impactos de los desastres naturales y del cambio climático a través de la protección de recursos tales como la vida, los modos de vida, el patrimonio, los activos, los servicios y la infraestructura … incluye la capacidad para avanzar en los procesos de desarrollo para fortalecer su capacidad de anticipar, de enfrentar, de resistir y de recuperarse de los desastres naturales”. (Fordham et al. 2011) Al mismo tiempo, la resiliencia incluye medidas preventivas y reactivas ante situaciones de desastres.
2. También partimos de la premisa de que los procesos de desarrollo dependen tanto de la capacidad de agencia de los individuos y de las comunidades, como de la estructura que puede ser violenta o que puede favorecer la inclusión, equidad, participación activa y la reducción de las desigualdades e injusticias.
3. De igual manera, las intervenciones planeadas están en su mayoría basadas en modelos paternalistas, cuasi militares, en donde una solución exógena se aplica de manera vertical que suele ignorar procesos e instituciones locales e inclusive liderazgos no formales preexistentes al desastre. También existe transferencia de tecnología y de sistemas que se consideran como neutrales y objetivos ante las dinámicas sociales comunitarias y ante los roles de poder entre géneros. Sin embargo, ni la tecnología ni los sistemas son puramente neutrales y no son fines, son medios para el alcance de determinadas metas que responden a determinados intereses.
4. Sabemos también que las mujeres pobres son expertas en resiliencia, ellas son capaces de adaptarse a todos los cambios, sociales y de la naturaleza para poder enfrentar los retos que se presentan tanto a nivel personal como familiar, esto significa que ante los desastres naturales no existe pasividad y victimización, sino que aquellos afectados, a pesar del estrés que constantemente limita sus esfuerzos, son capaces de actuar.
Ante estas premisas podemos ahora establecer la relación entre la agencia de las mujeres y la prevalencia y reproducción de una estructura violenta que limita su actuar y que promueve la vulnerabilidad.
De acuerdo con Johan Galtung una estructura violenta se caracteriza por reproducir la desigualdad e injusticia, estas dos características clave de la estructura violenta, se legitiman por una cultura que promueve la discriminación, segregación y marginación.
La prevalencia de la vulnerabilidad es entonces un tema estructural, más que uno individual y/o comunitario. La vulnerabilidad no es algo natural a manera de darwinismo social, sino que es el resultado de un sistema diseñado para excluir a unos en beneficio de otros, que acapara y acumula recursos y que crea instituciones que reproducen esta situación sustentándola como el status quo.
En este sentido la vulnerabilidad más que un tema de pasividad, victimización y falta de productos y servicios exógenos es un tema de procesos limitantes de desarrollo o falta de ellos, por lo que soluciones verdaderas requieren de una reconfiguración de aquellas estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que promueven la falta de un acceso justo y equitativo a los recursos.
Aunado a ello, la brecha crece aún más cuando hablamos de la diferencia entre el acceso a bienes, servicios, funcionamientos y oportunidades entre mujeres y hombres. Siendo las primeras las que se ubican en una mayor situación de vulnerabilidad, no por su inherente pertenencia a un género, sino por la reproducción de una estructura que sistemáticamente excluye, margina y sobreexplota a las mujeres.
Debemos entonces de entender cómo funcionan las estructuras que sustentan nuestra vida diaria y debemos de mirar a aquellas que se encuentran en una mayor situación de vulnerabilidad, ya que mirándolas podremos darnos cuenta de qué tipo de sistema decidimos reproducir.
En el caso de la vulnerabilidad ante desastres naturales, son las mujeres de determinadas regiones, comunidades, etnias y situación socioeconómica aquellas que se encuentran en mayor desventaja, esto no es fortuito y mientras decidamos seguir ignorando el hecho de que no es su culpa ni su decisión encontrarse en tal situación, seguiremos reproduciendo los mismos patrones que benefician a unos pocos sobre de muchas otras
Referencias
Fordham, Maureen, Suranjana Gupta, Supriya Akerkar, and Manuela Scharf. 2011. “Resilient Development.” UNDP Publications and GROOTS International: 84.
Galtung, Johan. 1990. “Cultural Violence.” Journal of Peace Research 27(3): 291–305.

